5 razones por las que debes rezar el rosario

2020-04-16

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¡Cuán grande es la bondad y la misericordia reveladas en este designio de Dios! Creemos en la bondad infinita del Altísimo y nos regocijamos en ella; también creemos en su justicia y la tememos. Adoramos al amado Salvador, prodigio de Su sangre y de Su vida; Tememos al Juez inexorable. María es este glorioso intermediario; ella es la poderosa Madre del Todopoderoso; pero, lo que es aún más dulce, es dulce, extrema en ternura, de una bondad amorosa ilimitada. Habiéndola elegido como Madre de su Hijo unigénito, le enseñó todo el sentimiento de una madre que no respira más que perdón y amor.

Y fue para preservar la memoria de este gran don así concedido, que el mismo Santísimo Pontífice quiso que en una fiesta en honor a Nuestra Señora de las Victorias se celebrara el aniversario de tan memorable lucha, la fiesta de Gregorio XIII. De manera similar, santa misa en el último siglo se obtuvieron importantes éxitos sobre los turcos en Temeswar, en Panonia y en Corfú; y en ambos casos estos compromisos coincidieron con las fiestas de la Santísima Virgen y con la celebración de las devociones públicas del Rosario.

La consideración de los consejos divinos está unida al gran sentimiento de religión. El Hijo Eterno de Dios, a punto de tomar sobre Él nuestra naturaleza para la salvación y ennoblecimiento del hombre, y a punto de consumar así una unión mística entre Él y toda la humanidad, no cumplió Su designio sin agregar allí el libre consentimiento de la Madre elegida. , que representaba de alguna manera a toda la humanidad, según la ilustre y justa opinión de Santo Tomás, quien dice que la Anunciación se efectuó con el consentimiento de la Virgen en el lugar de la humanidad. Con igual verdad se puede afirmar también que, por voluntad de Dios, María es la intermediaria a través de la cual se nos distribuye este inmenso tesoro de misericordias reunidas por Dios, porque la misericordia y la verdad fueron creadas por Jesucristo. Así como nadie va al Padre sino por el Hijo, nadie va a Cristo sino por Su Madre.

Cristo deseaba que fuera así, porque consintió en someterse a María y obedecerla como a un hijo a una madre. Así la proclamó desde la cruz cuando confió a su cuidado y amor a toda la raza humana en la persona de su discípulo Juan. Así lo demuestra, finalmente, por su valentía al recoger la herencia de la enorme labor de su Hijo, y al aceptar el encargo de sus deberes maternos para con todos nosotros. Tenéis ante vuestros ojos, Venerables Hermanos, las pruebas a las que diariamente se ve expuesta la Iglesia; La piedad cristiana, la moral pública, no, incluso la fe misma, bien supremo y principio de todas las demás virtudes, se ven diariamente amenazadas por los mayores peligros. La eficacia y el poder de esta devoción también se exhibieron maravillosamente en el siglo XVI, cuando las vastas fuerzas de los turcos amenazaron con imponer en casi toda Europa el yugo de la superstición y la barbarie.

  • Hay otro argumento señalado a favor de esta devoción, ya que desde el mismo momento de su institución fue inmediatamente alentada y puesta en práctica con mayor frecuencia por todas las clases sociales.
  • En verdad, la piedad del pueblo cristiano honra, con muchos títulos y de múltiples formas, a la Divina Madre, que, la única más admirable entre todas las criaturas, resplandece en una gloria indecible.
  • Todas las naciones de la era cristiana lo recibieron con una sola mente; y aun cuando la literatura y la tradición callan, hay una voz que brota de todo pecho cristiano y habla con toda elocuencia.
  • El designio de esta misericordia más querida, realizado por Dios en María y confirmado por el testamento de Cristo, fue comprendido al principio y aceptado con la mayor alegría por los Santos Apóstoles y los primeros creyentes.

Vida

Ahora bien, entre los diversos ritos y formas de honrar a la Santísima María, algunos son los preferidos, ya que sabemos que son los más poderosos y agradables a nuestra Madre; y por eso mencionamos especialmente por su nombre y recomendamos el Rosario. El lenguaje común ha dado el nombre de corona a esta forma de oración, que recuerda a nuestra mente los grandes misterios de Jesús y María unidos en alegrías, dolores y triunfos.

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Oraciones profundas, repeticiones superficiales y el rosario

En ese momento el Sumo Pontífice, San Pío V, después de despertar el sentimiento de una defensa común entre todos los príncipes cristianos, se esforzó, sobre todo, con el mayor celo, por obtener para la cristiandad el favor de la más poderosa Madre de Dios . Un ejemplo tan noble ofrecido al cielo y la tierra en aquellos tiempos reunió a su alrededor todas las mentes y corazones de la época.

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Pide la voluntad de Dios

La oración se compone de palabras que proceden de Dios mismo, del Arcángel Gabriel y de la Iglesia; lleno de alabanza y de grandes deseos; y se renueva y continúa en un orden a la vez fijo y variado; sus frutos son siempre nuevos y dulces. Pero dado que la salvación de nuestra raza se realizó por el misterio de la Cruz, y dado que la Iglesia, dispensadora de esa salvación después del triunfo de Cristo, fue fundada sobre la tierra e instituida, la Providencia estableció un nuevo orden para un nuevo pueblo.

Y así, los fieles guerreros de Cristo, dispuestos a sacrificar su vida y su sangre por la salvación de su fe y de su país, procedieron impávidamente al encuentro de su enemigo cerca del golfo de Corinto, mientras que los que no pudieron participar formaban una piadosa banda de suplicantes. quienes llamaron a María y la saludaron unánimemente una la virgen de guadalupe y otra vez con las palabras del Rosario, suplicándole que concediera la victoria a sus compañeros en batalla. Nuestra Soberana Señora le concedió su ayuda; porque en la batalla naval de las Islas Echinades, la flota cristiana obtuvo una magnífica victoria, sin grandes pérdidas para sí misma, en la que el enemigo fue derrotado con gran matanza.

La contemplación de estos augustos misterios, contemplados en su orden, brinda a las almas fieles una maravillosa confirmación de la fe, protección contra la enfermedad del error y aumento de la fuerza del alma. El alma y la memoria de aquel que así ora, iluminado por la fe, son atraídos hacia estos misterios por la más dulce devoción, se absorben en ellos y se sorprenden santa misa ante la obra de la Redención de la humanidad, realizada a tal precio y por acontecimientos tan grandes. El alma se llena de gratitud y amor ante estas pruebas del amor divino; se ensancha su esperanza y se acrecienta su deseo por aquellas cosas que Cristo ha preparado para los que se han unido a él imitando su ejemplo y participando en sus sufrimientos.

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